sábado, 30 de noviembre de 2013

Los anuncios me obligan a pensar que es Navidad cuando aún ni estamos en Diciembre.

Hoy es uno de esos días en los que en mi mente estoy sentada en un sofá en el piso de arriba de alguna conocida cafetería en el centro de una ajetreada ciudad, mientras que tomo café, o en su defecto, chocolate, vestida de forma perfecta, miro por la ventana y veo a gente anónima yendo de un sitio a otro con prisa, esperándose o despidiéndose. Cuando en realidad estoy sentada en una incómoda silla, vestida en un pijama y una bata, mientras me dejo la espalda y los ojos sobre una mesa cubierta de libros, cuadernos y apuntes, deseando que mientras miro al techo sin saber bien qué hacer esos conocimientos fluyan dentro de mi cabeza y se retengan ahí.
Supongo que este día de otoño disfrazado de invierno, más bien Navidad, no es precisamente como quisiera. Probablemente sea culpa mía, pero prefiero pensar que es por los anuncios y las fotos de Navidad que estos días son imposibles de ignorar.